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Segunda vuelta: nada está dicho

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Desde la madrugada del domingo 21, desde las 02:38 minutos, arrancó la segunda vuelta. Andrés Arauz y Guillermo Lasso empiezan de cero. O casi. En un contexto diferente al que el país encaró en 2017, cuando esas dos fuerzas políticas se enfrentaron. He aquí algunas diferencias.
1. En términos políticos, esta segunda vuelta se parece a la segunda vuelta en 2017. Tiene las mismas fuerzas políticas como protagonistas: el correísmo y el partido CREO. En 2017 el candidato correísta fue Lenín Moreno; ahora es Andrés Arauz. Guillermo Lasso vuelve a ser su contendor. Lo ha sido desde que decidió entrar a la política hace 11 años. Pero 2017 no es 2021.

  1. Los dos finalistas llegan a la segunda vuelta con prácticamente la misma diferencia, en porcentaje de votos: en 2017 Lenín Moreno ganó la primera vuelta con 11,27% más de votos que Lasso. Ahora lo hizo Arauz con 12,98% más de votos.
    3. En 2017 hubo 8 candidatos; ahora fueron 16. La torta electoral se redujo para los dos finalistas. Si en 2017 Lenín Moreno obtuvo 39,36% de votos en la primera vuelta y Lasso 28,09%, en esta elección Arauz suma 32,72% y Guillermo Lasso 19,74%.
    4. Los dos candidatos tendrán más dificultades para alzarse con la victoria. En 2017 los dos finalistas obtuvieron el 67,65% del total del electorado. Esta vez solo el 52,11%. Así prácticamente la mitad del electorado anda por fuera de su andarivel.
    5. En 2017 solo hubo una fuerza, el Partido Social Cristiano, con una suma importante de votos por fuera de los finalistas. Cynthia Viteri llegó en el tercer lugar con 16,32% de votos. Paco Moncayo la siguió con el 6.71%. Abdalá Bucaram Pulley (4,82%) e Iván Espinal (3,18%) ayudaron a hacer la diferencia. En esta elección hay dos fuerzas decisivas: Yaku Pérez con 19,39% y Xavier Hervas con 15,64%. Hay luego 12,46% de votos desperdigados entre los otros 14 candidatos. No es poco.
    6. En teoría, la tarea parece más fácil matemáticamente para el correísmo porque, al fin y al cabo, sacó una diferencia holgada en la primera vuelta. Y políticamente más accesible para Lasso porque el correísmo, tras haber sido llevado al gobierno por un ramillete de partidos y movimientos sociales, los traicionó y los maltrató. A algunos incluso persiguió. La realidad es, no obstante, más compleja.
    7. En 2017, la economía estaba mal; pero no tanto. El país no sabía el nivel de endeudamiento y corrupción provocado por el correísmo. Ahora lo sabe, pero el escenario económico y social se ha degradado. Hay más pobreza y más desempleo como consecuencia de la crisis fiscal -herencia del correísmo- y de la pandemia. Estas realidades están presentes en medio del clivaje ideológico entre correísmo y anticorreísmo.
    8. En 2017, el correísmo había perdido poder, pero no tanto. Correa estaba en Ecuador y solo soñaba con eternizarse por interpuesta persona. Entonces hacía campaña para Moreno diciendo, contra evidencias económicas y políticas, que el gobierno de su pupilo mantendría su modelo con otro estilo. Hoy Arauz dice que volverá al correísmo con un estilo diferente. Consensual. Pero Correa amenaza en redes y ya ha hecho la lista de los que, si ganan, se vengarán.
    9. Lasso sumó en 2017 a los anticorreístas. Y posiblemente perdió con la ayuda de Juan Pablo Pozo, entonces presidente del CNE. Hoy la línea roja política sigue estando entre correísmo y anticorreísmo y hay urgencias transversales esenciales como la pobreza, el desempleo y el coronavirus. Pero hay otros elementos contemporáneos y específicos (ecología, minorías sexuales, agendas de mujeres, conectividad, un futuro deseable…) que si Lasso no atiende, no gana. No se trata de que la sociedad coincida con sus valores; se trata de que él atienda la sociedad que quiere gobernar.
    10. Arauz tiene 35 años y por eso Correa lo escogió. Es joven, pero arropa un modelo económico fracasado y un modelo político autoritario. ¿Los puede renovar? No ha dicho que lo quiera hacer y se entiende: es el delfín del caudillo. Para hacerlo tendría que traicionarlo. Lasso tiene 65 años, vende experiencia y madurez. Para ganar tendría que renovar el modelo económico, imponer nuevas visiones al establecimiento y poner a dialogar, en forma dinámica e ininterrumpida, el mercado y lo que él llama justicia social. En lo personal tendría que desdoblarse y entender que, por un lado, están sus principios (que son personales) y, por el otro, la realidad del país.
    11. La realidad política y económica impone una concertación y por qué no un gobierno de concertación. Arauz llega con la mano tendida pero con pasivos de diez años de autoritarismo y prácticas excluyentes y persecutorias. Lasso no tiene ese pasado. Pero para ganar sus estrategas y él tienen que dar pruebas de entender y hablar al nuevo país.

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