El Machángara y el incansable intento por descontaminarlo

Agua verdosa, plástico y animales muertos hay en el río quiteño. En Quitumbe, una planta de tratamiento ha logrado descontaminarlo en un 3 % en dos años.

Quito produce alrededor de 2.200 toneladas de desechos al día. Solo el 30 % es plástico. Y no se recicla ni el 1 %. Es enterrado, botado en las quebradas y este va a parar a ríos como el Machángara, que atraviesa el sur y centro de la capital. Tiene una longitud de 22 kilómetros y a su paso recoge todas las descargas residuales domésticas e industriales que expulsa la ciudad, asegura Johanna Martínez, directora ejecutiva del Colegio de Ingenieros Ambientales del Ecuador.

Esas aguas van a parar, en algún momento, al Pacífico. Y los organismos mundiales ya alertaron: si no se toman decisiones urgentes, en 2050 habrá más plásticos que peces en el océano. Este Diario recorrió las orillas del Machángara, de sur a centro. Y además de la pestilencia y el agua espesa y verdosa, halló cadáveres de animales y plástico atrapado entre las piedras. Sigue sucio y contaminado, pese al incansable intento de regenerarlo.

El Machángara nace de agua pura y cristalina de cuatro quebradas. Pero… ¿cómo se contamina? La explicación, según la experta, es que no existen colectores laterales en el río que detengan los desechos. Y estos (materia orgánica: aceites y grasas y surfactantes, como detergentes) llegan al afluente. Mientras que los plásticos dañan el paisaje. “Los grandes contaminadores somos los ciudadanos”.

En la página web de la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (EPMAPS) se indica que la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales Quitumbe ya descontamina el Machángara hasta el sector del Trébol. Su operación empezó en 2017, según Juan Fernando Robalino, gerente de operaciones. La planta trata y descarga las aguas descontaminadas en la quebrada Shanshayacu, uno de los principales afluentes del río.

Los plásticos, botellas y fundas que llegan son retenidos en el ingreso en una canastilla de desechos y huesos. Los operadores limpian todos los días la reja. 15 kilos diarios. A través de un gestor ambiental se disponen los “desechos peligrosos”, pero, reconoce Franklin Viera, jefe del Departamento de Aguas Residuales y encargado de la planta de Quitumbe, “no existe un tratamiento de cierta manera”.

Martínez alerta sobre el microplástico, presente en todos los usos cosméticos. Son partículas que en altamar forman una especie de capa. La fauna marina la consume y le causa la muerte. Y los peces llegan al consumo humano.

Dice Viera que desde que la planta funciona hasta hoy, un poco más de dos años, se ha logrado descontaminar solo un 3 % del río. Un avance, sí, pero a paso lento. ¿Habría cómo acelerar el proceso? Explica que es necesario un interceptor que vaya paralelo al río para que el agua de los domicilios sea conducida a una estación de bombeo… El alcalde de Quito, Jorge Yunda, ya hizo una asignación presupuestaria de 130 millones de dólares para construir el interceptor de Vindobona, como parte del programa de descontaminación de ríos de la capital.

Si la planta de Quitumbe trata ahora 108 litros por segundo, el proyecto de Vindobona estaría diseñado para procesar 7.000 litros por segundo. Además produciría energía eléctrica que, dice Robalino, alimentaría a todo el sistema del Metro de Quito. Dos pájaros de un tiro. Pero este es un plan de “mediano aliento”. Por su costo, aproximadamente 1.000 millones de dólares. Por eso buscan alianzas público-privadas. Mientras, el agua sigue siendo regenerada poco a poco.

-¿El líquido que se descontamina se une al río Machángara nuevamente?

-En este momento sí -responde Robalino. La idea, dice, es interceptar el agua residual. Y la que baja del Atacazo al Machángara que siga su curso. Sin contaminación. Por ahora es solo una idea.

En Ecuador, según la ingeniera Martínez, el 12 % de las aguas residuales son tratadas antes de ser descargadas. Asegura que para descontaminar los ríos del país se requiere, al menos, 6.000 millones de dólares. Casi como una utopía.

Inty Grønneberg: “Los ríos del país se encuentran en estado deprimente”

Dependiendo de la época del año, entre 1.000 y 5.000 toneladas de plástico van al océano Pacífico solo del flujo que sale de la capital, y este llega incluso a Galápagos. El científico ecuatoriano Inty Grønneberg (de origen noruego) propuso al Municipio de Quito una iniciativa para la limpieza de plásticos y la descontaminación del río Machángara. Habla con EXPRESO desde Londres (Reino Unido).

– ¿En qué consiste el plan?

– La iniciativa que presentamos al alcalde Jorge Yunda no se enfoca solo en el Machángara, sino también en recolectar los plásticos que fluyen desde el Machángara, Monjas y San Pedro, los tres principales de Quito, que llevan el material hacia el río Guayllabamba; este se acumula en Mandariacu y termina en las descargas de la represa en el río Esmeraldas. El sistema se implementará en el Guayllabamba.

– ¿Ha tenido luz verde?

– Estamos en esas negociaciones. El proyecto es de iniciativa privada, el siguiente paso es entrar en mesas de negociación (…), vemos que hay una actitud positiva (…), buscamos extraer información del material que logremos sacar del río Guayllabamba para informar a la ciudad qué tipo de polución está llegando a los ríos y terminando en los océanos; con eso, idearemos soluciones.

– ¿Cuánto cuesta el proyecto?

– Doce millones de dólares. Tiene que ver con la instalación y la operación del sistema por siete años, en los cuales buscamos parar el flujo de plástico que sale de la capital hacia el río Guayllabamba, y usar ese material para crear políticas de economía circular.

– ¿Cuál sería el resultado?

– El resultado es que el plástico que extraigamos, lo vamos a trabajar para que sirva a los recicladores de base a través de una fundación, y que sirva para incrementar sus recursos.

– ¿Cómo ve al Machángara?

– En un estado que podríamos decir apocalíptico, y no es más que el reflejo de la situación a nivel nacional (…) Los ríos del país están en estado deprimente (…) si uno baja al Machángara se pueden ver cientos de materiales plásticos acumulados, lo que afecta mucho más a la vida que pueda existir en el río. Pero el problema del plástico, independientemente de que se encuentre en los caudales, es su afectación al banco natural de proteína, en la costa, donde están los peces.

– ¿Y si no se toman medidas?

– No hemos hecho nada desde hace décadas. Y este es el resultado, un río que tiene en cada rama cientos de tipos de plásticos acumulados y cada vez va, día a día, a destruir nuestra vida marina.

F. Expreso

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