Rosa Adelaida Lliguín Sarmiento SU ESPÍRITU DE LUCHA QUEDÓ EN LA MEMORIA DE SU PUEBLO

Rosa Adelaida Lliguín Sarmiento, mujer de campo, fuerte como roble y amable como ella sola, ahora su nombre, queda plasmado en la calle principal de acceso al sitio el Paraíso en el cantón Santa Rosa.
Llegó a El Oro en la década del cincuenta, de la mano del eterno amor de su vida, su esposo José Norberto Procel más conocido como Gonzalo.
Y fue junto a su esposo con quien forjó toda una vida de arduo trabajo llena de alegrías y tristezas, reflejando en cada situación su temerario y aguerrido carácter de mujer luchadora.
Corría el inicio del boom bananero en Ecuador y Gonzalo, con el duende inquieto que caracteriza a quien lleva el apellido Procel, inició junto a su primo Euclides Procel, la hazaña de dejar de ser obreros jornaleros de campo a ser agricultores y por qué no, productores bananeros.
Y así incursionaron en la cooperativa El Paraíso, luego en Luz y Guía Campesina, siendo el campo el destino asegurado para Gonzalo, más no para su primo quien echó raíces en la bulliciosa Machala.
Y fue en El Paraíso en donde Rosa y José con carabina en mano lograron afincarse en sus tierras y luego, el IERAC les entregó sus títulos de propiedad. Aquí formaron su familia: María Luisa, Rosa Amada (+), Gloria Beatriz, Luis Bernardo, Martha Narcisa, Mario Amadeo (+), Rosa Angélica y Ángel Gonzalo fueron sus retoños, quienes junto a la mata del banano y al arrullo del río, crecieron batallando con el duro quehacer del campo.
En Luz y Guía Campesina, también su lucha dio frutos. Faltaba un puente y los comuneros le pidieron que ayude “a hablar” con las autoridades.
Y así lo hizo ella, llegando un sin número de veces al municipio para pedir y exigir al alcalde el ansiado puente. “de pena o de rabia de verme aquí todos los días, me han de dar el puente” decía con su característica sonrisa.
Y así fue, el puente en aquel sector aún persiste.
De igual manera su persistencia no conocía límites y así lo demostró al exigir se asfalte la vía que conduce desde la parroquia La Victoria hasta el sitio El Paraíso, el cual ahora lleva su nombre.
Corría la década del noventa y Rosa Lliguín, católica de corazón, buscó solución ante el problema de los niños de su sitio que tenían que padecer caminando mucho para ir a recibir las clases de catecismo hasta la capilla más cercana, en la parroquia La Victoria.
Y la solución fue más que altruista. Construyó junto a su casa, un salón religioso el cual serviría para que cada semana, el catequista imparta su charla a los pequeños y se realice la celebración de la palabra de Dios.
No había fiesta religiosa o comunidad eclesial que no solicite su colaboración para cada una de las actividades piadosas. Ya sea para un castillo de luces, ya sea para ayudar a un necesitado o para llevar oficios ante el municipio para gestionar alguna obra para su querido sitio El Paraíso.
Gracias a ella y su inquebrantable espíritu de lucha, las autoridades construyeron los tanques elevados de agua potable para dotar del líquido vital a estas poblaciones alejadas.
Las Lomas es un barrio adyacente a El Paraíso y que también fue beneficiado por la activa gestión de esta mujer de espíritu inquebrantable.
Ante la falta de energía eléctrica en la cancha central, Rosa movió cielo y tierra fue hasta el gerente de la CNEL a pedir la solución; al poco tiempo en ceremonia protocolaria y con autoridades en mesa, se inauguraba el alumbrado público en esta zona.
Así, de esta manera, esta matriarca venida de la parroquia Tomebamba del cantón Paute es recordada por todo un pueblo que ahora, al leer el letrero de la carretera principal de El Paraíso, se llenan de orgullo y nostalgia.

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