El Oro bajo fuego de sicarios

Matan a cualquier hora del día.

Machala, y la provincia de El Oro en general, pareciera que está siendo usada como campo de batalla de una guerra entre sicarios.
Durante el año, desde esta provincia se han generado varias noticias de hechos violentos conocidos como “sicariato”.
Desde los cantones, otrora tranquilos, habitados por gente sencilla y trabajadora, se reportan estas “muerte por encargo”.
Cada vez son más descarados y avezados estos hechos, que ya no se realizan durante la noche, sino que incluso a medio día, y en pleno centro de las ciudades.
Machala, Huaquillas, Pasaje, son los escenarios recurrentes. Por la cantidad de casos, pareciera que la provincia de El Oro se ha convertido en el campo de batalla entre grupos que ajustan sus cuentas con su propia ley, sin que haya alguna autoridad con la suficiente responsabilidad social de controlar la creciente violencia en la que tenemos que desenvolvernos los ciudadanos de bien.
La población se encuentra alarmada, más que con los hechos violentos, de la manera cómo las autoridades desde las altas esferas de gobierno salen a dar declaraciones de que solo se trata de una “sensación”, puesto que según sus estadísticas los casos de violencia o robo son cada vez menos.
Y es que gracias a las redes sociales se conoce, con fotos y videos, de robos de carros, asaltos y estafas así como la proliferación de espacios de venta y consumo de drogas en los famosos amanecederos, que de un momento a otro han aparecido por toda la ciudad.
Frente a esta situación emocional de los ecuatorianos, se sentirse en medio de una batalla campal de poderosos grupos que imponen su Ley, pareciera que sólo le queda el camino de la justicia por mano propia.
Y es que frente a la actitud indolente de las autoridades de control, también está bajo la mira de la ciudadanía el trabajo que están realizando los jueces y fiscales, que al parecer no están cumpliendo su labor.
La salida inmediata de los delincuentes, que es lo que se ha evidenciado en las últimas semanas, más las crecientes noticias de hechos de corrupción en el gobierno, la ninguna sanción a los asambleístas que no trabajan y que les han exigido a sus colabores que les entregue incluso más del 70 % del sueldo, es un caldo de cultivo para hechos de violencia popular en procura de hacer justicia por mano propia.
Esto podría evitarse, si hubiera al menos un líder que salga y oriente a quienes están al frente de la administración pública, pero que no saben, no pueden o no quieren gobernar. (O)

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