Más de 132.000 personas han pedido la nacionalidad española por una ley que buscaba reparar un error de los Reyes Católicos

Descienden de los judíos expulsados de España en 1492, y cinco siglos después, quieren recuperar el vínculo con su patria ancestral. Más de 132.000 personas de origen sefardí, en su mayoría latinoamericanos, pidieron la nacionalidad española en virtud de una ley cargada de historia y sentimientos.

El lunes noche, tras cuatro años de vigencia, expiró una ley española adoptada en 2015 para reparar lo que Madrid considera un “error histórico”: la expulsión de unos 200.000 judíos de España, según los historiadores, por parte de los Reyes Católicos en nombre de la “pureza” de sangre.

De 2015 a acá, 132.226 personas solicitaron la nacionalidad, anunció este martes el ministerio español de Justicia. Las peticiones se aceleraron espectacularmente en septiembre, con cerca de 72.000 aplicaciones.

La gran mayoría provienen de países latinoamericanos, empezando por México (unos 20.000), Venezuela (cerca de 15.000) y Colombia (unos 14.000), según datos del gobierno español no definitivos. También hubo numerosas solicitudes desde Argentina (más de 4.000) o Israel (más de 3.000).

El procedimiento sin embargo es complejo y largo, ya que los documentos aportados deben ser validados por un notario, y el candidato debe costearse un viaje a España para firmar el acta notarial, antes de que el ministerio de Justicia selle el proceso.

La presentación de la candidatura exige certificar su origen sefardí -con la autoridad rabínica local o una investigación genealógica-, y superar un examen de español en el instituto Cervantes, en el caso de los no hispanohablantes. Tanto estos como los hispanohablantes deben igualmente superar un test de cultura y sociedad.

El resultado es que de momento solo unos 6.000 solicitantes han obtenido la nacionalidad española, según Pedro Garrido Chamorro, director general de los registros y del notariado, un organismo dependiente del ministerio.

El vínculo del ladino

“Dijeron que no hacía falta abogado, pero sin él yo diría que habría sido imposible”, cuenta Doreen Alhadeff, una estadounidense de Seattle que obtuvo la nacionalidad para ella y sus dos nietas, y calcula haber gastado unos 5.000 dólares en el procedimiento.

“Sentía que le habían quitado algo importante a mi familia, y quería recuperarlo”, cuenta sobre sus motivaciones esta mujer de 69 años que en casa escuchaba ladino, el español del siglo XV que las comunidades sefardíes han conservado hasta el día de hoy.

Otros siguen esperando, como el escritor francés Pierre Assouline, autor entre muchos otros títulos de una voluminosa novela sobre sus orígenes sefardíes (“Regreso a Sefarad”).

“Tengo amigos franceses que han obtenido el pasaporte (español) más rápido. Es sorprendente y decepcionante”, cuenta el autor, que formuló su solicitud hace casi 4 años e incluyó en su dossier una carta del mismísimo rey Felipe VI.

“Sabíamos desde el principio que iba a ser una ley con una cierta complicación, en cuanto a los medios de prueba”, pero “siempre es mejor una ley que tenga ciertas complicaciones que no tener una ley”, temporiza Miguel de Lucas, director de Centro Sefarad, en Madrid.

Maya Dori, una abogada israelí de 43 años y residente en España desde hace 17 presume de que uno de sus clientes fue el primer solicitante en obtener la nacionalidad, en diciembre de 2015.

Según ella, lo bueno de esta ley es que “da pautas para que la gente no tarde los siete años que tardé yo en recibir la nacionalidad española” en base a una ley anterior, cuenta.

En total dice haber gestionado unos 500 expedientes, 105 de ellos en las últimas tres semanas, trabajando en ocasiones hasta las cuatro de la madrugada.

“Lo hice para mucha gente de muchos países: Uruguay, Panamá, Costa Rica, Israel, Turquía, Inglaterra, Estados Unidos, hijos adoptados”, incluso de parejas homosexuales… “tuve que pelearme con las autoridaes”, resume esta mujer que recuerda a su abuela Lisa Romano, nacida en Libia y emigrada a Israel en los años 50 -“hablaba una mezcla muy rara de italiano, español, árabe de Libia. Pero hebreo nunca hablaba”.

Resumiendo un sentimiento general, señala que al elaborar los dossieres “los clientes han hecho conmigo un viaje personal, reconectaron con sus raíces, y descubrieron muchas cosas sobre las familias”.

Si la querencia a la cultura ancestral pesa -sobre todo en los más ancianos- , también influye el acceso a un pasaporte europeo en un país como Venezuela, o también Turquía, incide Gonzalo Manglano, director del Instituto Cervantes de Estambul. “Las dos cosas han tenido mucho peso”, dice.

Argine Nur Khiari, responsable de las naturalizaciones de sefardíes en el consulado de España en Estambul, observa que el 44% de los 337 nacionalizados en su demarcación eran menores de edad y personas de más de 70 años, exentas de los exámenes de español.

Entre los 18 y los 70, algunos de esos sefardíes han optado en cambio por la nacionalidad portuguesa, país que en 2015 aprobó una ley similar pero sin pruebas de idioma. Lo que ha generado, según un término acuñado por ella, un fenómeno de “iberización de los sefardíes” de Turquía. (I)

F. El Universo

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